jueves, 6 de octubre de 2011

Ayer y hoy (37)


37

Es tremendo tener que utilizar un hotel teniendo mi propia casa. Sin embargo ha sido una buena decisión (tienes razón, Isabel, por una vez estoy totalmente de acuerdo contigo), así podré descansar tranquila, pensar, buscar una solución a todo lo que está pasando. Sé que estoy huyendo pero ha sido un día demasiado duro y no puedo consentir que nada ni nadie me impida poner orden en el caos.

- Buenas noches. Me llamo Isabel Inciarte, ¿hay una habitación reservada a mi nombre?
- Buenas noches, señorita Inciarte. ¿Me permite su documento de identidad?
- Si, claro.
- Correcto! Aquí tiene sus llaves, habitación quinientos veinticinco, el desayuno de siete a nueve y el ascensor está enfrente.
- Gracias. Despiérteme a las siete de la mañana, por favor,
- Un momento por favor, señora Inciarte, tengo un mensaje para usted y en el bar hay una persona que la espera.
- ¿A mí? Debe ser un error, yo no espero a nadie.
- Ella me dijo que era urgente.
- ¿Ella?, ¿una mujer?
- Corecto, una mujer, me dio el mensaje que acabo de entregarle y me dijo que era muy urgente.
- Me dijo que ella me estera en el bar.
- Correcto. El bar está justo enfrente. Atraviese el pasillo y lo verá.
- Gracias de nuevo.
- Que pase una buena noche.

¿Quién puede ser? No sé qué mujer puede estar interesada en hablar conmigo con tanta urgencia. ¿Por qué no me ha llamado por teléfono? Lo voy a descubrir inmediatamente. Le dije a Adela que no quería ver a nadie, hablar con nadie.

- ¡Adela! ¿Qué haces aquí?
- Lo siento, señorita. Espero no haberla molestado. Ya le dije que hoy no tenía niños y podía dedicarle el tiempo que necesitase.
- No tenía que haberse molestado. Además, tengo que descansar. Trabajaré cuando vuelva al despacho. Ni siquiera he podido leer sus informes. Pensaba leerlos ahora.
- ¿No los ha leído? Estupendo.
- ¿Por qué?, ¿qué pasa?
- He descubierto que en uno de los informes hay errores importante. Creo que lo mejor es que me los devuelva, los corrija y se los dé cuando estén listos.
- ¿Qué le pasa, Adela, la noto nerviosa?
- Estaba preocupada. Los informes están incompletos y tenía una gran preocupación de que los hubiese leído y sacado conclusiones erróneas.
- ¿De qué conclusiones me habla? No sé si comprendo bien lo que me quiere decir. Pero, de todas formas, ¿podía haberme llamado por teléfono?, ¿por qué no me llamó?
- Quería hablar con usted en persona. Pasé por el despacho, pensaba que habría vuelto allí a trabajar en el expediente Hurtado, al no encontrarla allí decidí venir al hotel. Ya le he dicho que hoy no están conmigo los niños y...
- Sí, de acuerdo, todo eso está muy bien, pero... insisto, a usted le pasa algo.
- Ya se lo he dicho, lo que pasa es que estoy muy nerviosa y...
- Ya veo que está muy nerviosa, pero no estoy muy segura de que sus nervios sean únicamente porque quería avisarme de que el informe Hurtado no estaba completo. Además, ya me dijo en el despacho que faltaban unos papeles que tenía don Luis. Es lógico que no haya incluido la información relacionado con esos documentos.
- ....
- Pero... ¿qué la pasa? Está temblando. ¿Ha comido? Yo me muero de hambre ¿quiere que cenemos juntas?
- ...
- Adela, Adela, ¡Adela!, ¡Mierda!

martes, 4 de octubre de 2011

Ayer y hoy (36)


36

No, no puedo darle el teléfono, debo ganar tiempo, saber más de ese tipo antes de dar su teléfono al hermano de Clara. Además, tengo que localizar a Juan, necesito hablar con él, contarle todo y saber su opinión.

- Definitivamente, Isabel, a ti te pasa algo. Estás muy preocupada, te conozco y sé que te pasa algo, no es sólo que Clara, tu mejor amiga, esté muerta, es algo más.
- Sí, tienes razón, es algo más, estoy preocupada por el trabajo.
- Claro, el trabajo, deberías relajarte un poco, pensar en ti misma y no trabajar tanto. ¿Cuánto hace que no tomas vacaciones?
- ¿Vacaciones? Sí, tienes razón, tengo que tomar vacaciones, las tomaré en unos días.
- Eso me parece estupendo. También deberías comer mejor. Estás demasiado delgada.
- Sí, eso, es cierto, hasta a mí me sorprende lo delgada que estoy.
- ¿Quieres que salgamos a cenar?
- No Juan, tengo que marcharme. Seguimos en contacto, ¿vale?
- Espera que te llevo a casa.
- No, no te preocupes, tengo que hacer algo antes, tomaré un taxi.
- ¿Seguro?, no me importa nada acercarte a dónde me digas.
- No, de verdad, no hace falta.
- Como quieras. ¡Ah!, por cierto, ¿tienes o no tienes el teléfono de ese tipo que está con Clara en las fotos?
- No te preocupes por eso, Pedro, cuando llegue al despacho le pregunto a Adela si lo tenemos y te llamo ¿de acuerdo?
- Entonces... ¿tú no lo tienes?
- No, ¿por qué lo iba a tener? Ya te he dicho que apenas lo conozco.
- Vale. De todas formas tenme informado ¿vale?, quiero hablar con él, necesito hablar con él.
- No sé si es buena idea, Pedro. No deberías profundizar en una relación que Clara ha querido mantener en secreto. No sé... tal vez deberíamos respetar eso.
- No, Isabel, no. Clara está muerte y mi deber, mi obligación es conocer qué pasó los últimos meses en su vida. La Clara que muestran las evidencias no es la que tú y yo conocíamos. Las personas no cambian de golpe. Aquí pasa algo y tengo que descubrir qué es.
- De acuerdo, te daré el teléfono cuando vaya al despacho. Y ahora te dejo.
- Te acompaño hasta que subas al taxi.

Tengo que pensar todo esto con tranquilidad, analizar cada detalle, seguro que algo que se me está escapando. Llamaré a Juan de nuevo. ¡Mierda!, ese tipo me persigue, tengo más de cincuenta llamadas perdidas suyas. ¿Cómo puedo saber algo más de su vida?, buscaré en Internet, para empezar. Por otra parte... ¿a quién conozco de confianza que me ayude a investigar a ese tipacarraco...? (no conoces a nadie, Isabel, a nadie, últimamente tus conocidos son muchos pero ninguno de confianza y has perdido el contacto con tus amigos de antes), llamaré a Juan.

- El teléfono al que llama está desconectado o fuera de cobertura en este momento. Deje su mensaje después de escuchar la señal.
- Juan, soy yo, necesito hablar contigo. Llámame cuando escuches este mensaje, sea la hora que sea. ¡Por favor!, Juan, es urgente.

No sé qué hacer, no sé si ir al despacho a revisar el expediente Hurtado o ir al hotel. Estoy muy cansada, tengo hambre y me duele la cabeza. No creo que pueda pasarme toda la noche revisando un expediente. Lo más sensato es ir al hotel, cenar algo, darme una ducha y leer la carta de Clara y los informes que ha preparado Adela. Sí, eso es lo mejor que puedo hacer.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ayer y hoy (35)


35

¿Cómo es posible?, ese tipo estaba con Clara... Si no fuese por la mancha junto al ombligo no sabría que era ella. Pero él, seguro que es él. No hay error posible.

- ¿Lo conoces?, ¿sabes quién es?
- ...
- Isabel, ¿qué te pasa? Estás blanca.
- ...
- Isabel, Isabel. Toma un poco de agua, por favor, Isabel, dime algo.
- ...
- Tranquila Isabel. Voy a llamar a urgencias.
- No, no llames a urgencias, no me pasa nada, es solo qué...
- Te quedaste pálida, como muerta. Me asusté ¿qué te pasa?.
- Lo que me pasa es que tengo hambre, no he comido nada en todo el día. Debe ser eso.
- ¿Quieres que te prepare algo de comer? Podemos bajar a tomar unos pinchos o ir a cenar. Ahí al lado hay un restaurante estupendo.
- No, ahora no Pedro, luego tal vez.
- Espera un momento, tengo unas pastas. Voy a buscarlas.

Ese hijo de perra está ahí, en la foto, con Clara. Sin embargo, no deja de llamarme a mi. ¿A qué juega? Algo extraño está pasando aquí, algo que no acierto a comprender.

- Toma, Isabel, son pastas de té, pero imagino que servirán lo mismo para el café, jajaja
- Gracias, Pedro. Dime, ¿conoces al hombre que está con Clara en la fotografía?
- No, no lo había visto nunca. ¿Lo conoces tú? Me pareció que te sorprendió verlo.
- No, no lo conozco. Bueno sí, lo he visto una vez.
- ¿Una vez?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué? Perdona, pero no comprendo que..
- Lo he visto hoy mismo, ha venido a mi despacho.
- Y ¿qué quería?, ¿por qué ha ido a tu despacho?
- No lo sé. He tenido un día de mucho trabajo y no he podido hablar con él.
- Tienes su teléfono, una forma de localizarlo, algo. Me gustaría hablar con él, quiero saber por qué está con Clara en estas fotos. Saber ¿cuándo se conocieron?, ¿dónde ha estado Clara todo este tiempo?
- Tranquilízate, Pedro. No te pongas así.

No sé si es una buena idea que Pedro hable con su tocayo. Ese tipo parece violento (cuéntale todo, Isabel, dile lo que ha pasado realmente esta mañana, que te está llamando a todas horas, que vas a dormir en un hotel porque tienes miedo de volver a tu casa y que él esté allí), no puedo darle el teléfono, pero tampoco puedo decirlo lo que me ha pasado esta mañana, antes tengo que saber algo más acerca de Pedro Villar del Álamo.

- ¿Qué te pasa Isabel? Estas distraída, preocupada. Se qué la muerte de Clara te habrá impresionado mucho, como a mí, como a todos nosotros, pero.., no sé, ¿te pasa algo más?
- No es nada, Pedro, de verdad. La muerte de Clara ha sido terrible, terrible. Y lo de las drogas y esas fotos.. no sé, estaba pensando que en todo esto hay algo raro. ¿Qué podemos hacer?, ¿a quién podemos acudir?
- Podías llamar a Juan ¿no era investigador privado o algo así?
- Sí, eso estaba pensando yo. Pero hace tiempo que no sé nada de él.
- ¿De verdad? Yo pensaba que estabais junto.
- Sí, no, bueno es una larga historia.
- Sí quieres lo llamo yo.
- No te preocupes, lo puedo llamar yo. De hecho lo he intentado localizar esta mañana pero no estaba en su despacho y no contesta al móvil. Seguiré intentándolo. No te preocupes.
- De acuerdo. Y ¿qué me dices del tipo ese de la foto?, ¿tienes su teléfono?
- No, yo, no sé..
- ¿Qué te pasa? Al hablar de ese tipo te has puesto a temblar. Dime la verdad ¿lo conoces o no?
- La verdad es que lo he conocido esta mañana. Bueno, lo había visto una vez hace un par de meses, pero no he vuelto a verlo hasta esta mañana.
- Entonces... ¿tienes su teléfono o no?

domingo, 2 de octubre de 2011

Ayer y hoy (34)


34

Imposible, Clara no se ha drogado nunca. ¿Cómo puede ser que en la autopsia digan que estaba bajo los efectos de sustancias psicotrópicas? Es lógico que Pedro esté destrozado.

- ¿Lo has leído?
- Tiene que ser un error, tal vez comió algo que le produjo un efecto similar. También puede ser que estuviese tomando algún medicamento.
- He hablado con el forense y me ha confirmado que las sustancias encontradas en el cuerpo de Clara son narcóticos.
- Pero no es posible. Clara no se ha drogado nunca.
- Lo sé, pero hace meses que no sabíamos nada de ella. ¿Dónde estaba?, ¿por qué no ha contactado con vosotros? Tal vez te cuente algo a ti. ¿La has leído?
- No, no voy a leerla ahora. Prefiero hacerlo cuando esté sola.
- Léela, por favor, léala y dime lo que dice.
- Pedro, por favor, no me pidas eso. Tenemos que respetar la voluntad de Clara.
- Lo sé, pero necesito saber algo más, encontrar los porqué.
- ¿Qué te ha dicho la policía?
- ¡Dios mío! Ha sido tan grande el impacto que me ha producido la autopsia que me había olvidado por completo. Ha sido terrible, Isabel, terrible. ¿Tú sabías que Clara tenía un amante?
- ¿Un amante?, ¿por qué dices algo así? Tenía un medio novio, pero no estaba muy satisfecha con esa relación.
- No, no me refiero a Ignacio. Otra persona.
- No, no sabía nada.
- Me lo temía.
- Pero... ¿por qué me pregunta algo así?
- En el coche de Clara han encontrado fotos de ella con un tipo al que yo no había visto en mi vida, una especie de gigoló.
- Puede que sea alguien del trabajo, no sé, ¿por qué hablas de amante? No debería sacar conclusiones precipitadas.
- ¿Precipitadas? Si hubieses visto las fotos...
- Por unas simples fotos no puedes sacar conclusiones... A no ser que las fotos...
- Así es, Isabel, justo lo que estás pensando. Eran cotos pornográficas.
- ¡Pornográficas! No es posible que Isabel se prestase a ese tipo de juego.
- Pues lo hizo, Isabel, lo hizo.
- ¿Estas seguro de que era Isabel?
- Lo estoy. No se la veía bien la cara. En un primer momento pensé que era tú, pero luego...
- ¡Yoooo! ¿por qué pensaste que era yo?
- Clara y tú os parecéis un poco, tenéis el pelo rubio y largo, os peináis igual. No sé, en las dos primeras fotos hubiese jurado que eras tú.
- ¿Puedo ver las fotos?
- No, no puedes. Quise recuperarlas pero me dijeron que forman parte del expediente, que cuando terminen las investigaciones, tal vez.
- Pero entonces, ¿no viste la cara de Clara?
- No, en todas las foto se taba convenientemente la cara con el pelo, con la mano, con algo.
- Entonces... Puede ser cualquiera ¿por qué estás tan seguro de que era Clara?
- Por la mancha de nacimiento. Clara tiene una mancha de nacimiento junto a ombligo. En una de las fotos se ve la mancha perfectamente.
- ¡La mancha! Claro, era una especie de nube o algo así.
- Tengo una foto. No se ve muy bien porque la tomé con el móvil cuando el policía se levanto a por un baso de agua para mí. Mira ¿ves la mancha?
- Es verdad, esa mancha es suya. Pero... ¡Mierda, es él!

sábado, 1 de octubre de 2011

Ayer y hoy (33)

33

Clara, mi mejor amiga, mi única y verdadera amiga, la persona más buena del mundo. Clara, la que siempre sabía lo que había que hacer, la que me encontraba cuando estaba perdida, la que me escuchaba cuando quería hablar y estaba a mi lado cuenda era el silencio la única compañía. Clara, ¿ por qué te has tenido que morir?, ¿por qué ahora cuando necesitaba contarte tantas cosas?

- De acuerdo Isabel, vamos a mi casa, está muy cerca y no quiero que nadie escuche lo que voy a contarte, nadie. ¿Te parece bien?
- Iremos a donde tú quieras. Tu casa me parece bien.
- La carta te la daré cuando te vayas. No quiero caer en la tentación de pedirte que me digas lo que Clara te dice.
- ...
- Pero si te pediré que me digas, antes de abrir la carta, lo que crees que podría decir.
- ...
- ¿Qué te pasa?, Isabel, no dices nada.
- Lo siento Pedro, estaba pensando en Clara, en su accidente, en que hacía varios meses que no sabía nada de ella. Lo siento. Vamos a tu casa cuanto antes. Tienes razón, tenemos que hablar en un lugar en el que nadie pueda escucharnos.

Pedro, que casualidad, hoy he hablado con tres personas que se llaman Pedro. Es una tontería pero siento una especie de vértigo al pensar ese nombre.

- Es tú teléfono, Isabel, ¿no vas a contestar?
- ¿Mi teléfono? (es Pedro, el otro, el que te persigue, el que te acecha, tu amante) No, debe ser alguien que se ha equivocado de teléfono.
- Si te llaman del despacho puedes contestar sin problemas. Sé lo importante que es el trabajo para ti.
- No es del trabajo y no espero ninguna llamada del trabajo. No quiero que nadie nos moleste.
- Agradezco mucho que estés aquí. Estoy perdido, por primera vez en mi vida no sé qué hacer, no comprendo nada.
- ...
- Ya estamos llegando.
- Veo que has cambiado de piso ¿no?
- Sí, bueno no he cambiado, éste es nuevo, lo acabo de comprar.
- Un lugar muy céntrico. Me gusta esta zona de la ciudad.
- Está muy cerca de mi trabajo. Puedo ir andando cada día.
- Conservas el otro piso.
- Sí, bueno, ya te contaré. Otra vez tu teléfono.
- Sí, voy a desconectarlo.
- No lo hagas, no me molesta. Sé lo pasa cuando alguien tiene las responsabilidades que tienes tú. Contesta, no me importa que contestes.
- Es un SMS de alguien que no conozco.

Ese pesado no me dejará en paz, tendré que cambiar de teléfono. Tendré que hacer algo para que deje de molestarme. No quiero volver a verlo en mi vida.

- Estás en tu casa.
- Una casa magnífica. Ya veo que sigues coleccionando piezas de arte.
- Bueno, sí, de vez en cuando, cada vez menos. Sobre todo fotografía, ya sabes.
- Sí, claro, fotografía. Un magnífico Cartier-Bresson. Esta foto la vi en el MOMA de Nueva York, la esencia de “el momento decisivo”. Debe valer una fortuna.
- Es una de las mejores piezas de mi colección. La tengo desde hace años y no pienso desprenderme de ella. ¿Qué quieres tomar?
- Un vaso de agua, por favor, estoy sedienta.
- ¿Sólo agua? Voy a preparar un café ¿no te apetece uno?
- De acuerdo, tomaré un café. ¿Te ayudo?
- No ponte cómoda.
- Gracias estoy muy cansada.
- Toma, Isabel, esta es la autopsia de Clara. Mientras preparo el café puedes leerla y luego hablamos.

La autopsia de Clara. No termino de hacerme a la idea. Veamos qué dicen los forenses. Mujer, treinta y cinco años, bla, bla, bla. Accidente de circulación, bla, bla, bla. Traumatismo cráneo encefálico, bla, bla, bla. (sigue leyendo Isabel) bla, bla, bla. Heridas múltiples en la cara, bla, bla, bla, ¡Madre mía!, el golpe ha sido impresionante. Pero... por qué Pedro está tan preocupado por los resultados de la autopsia, es normal tras un golpe así que... ¡Dios mío!, no es posible, no me lo puedo creer. Clara no.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Ayer y hoy (32)


32

El hombre de la fotografía podrías ser..., no imposible, es otra persona, se le parece pero no es el mismo (mírala bien, ¿de verdad crees conocer a ese hombre?, ese hombre se parece al taxista, pero...¿ se parece a ¡entiendes!?, yo creo que no), si el hombre de la foto fuese ¡entiendes!, el sueño no habría sido un sueño y... (no te obsesiones, ése no es el hombre que viste en tu sueño, imposible) la amnesia de los tres últimos meses tendría otras explicaciones. Pero no, no es él, el hombre del sueño tenía una marca en la mejilla y este no la tiene. Este hombre es el hermano del taxista, se parece a él, pero no se parece al hombre de mi sueño.

- Lo siento señora, pero no he visto nunca a este hombre. Se parece a usted ¿no?
- Claro ¡entiendes!, es mi hermano. ¡entiendes!
- Lo siento, de verdad, lo siento mucho, pero no puedo ayudarles. ¿Han ido a la policía? Tal vez ellos puedan ayudarles.
- ¿De verdad que no ha visto nunca a mi hijo? Piénselo bien, ¡por favor!, señorita.
- No, señora, no he visto nunca al hombre de la foto. Se me parecía a alguien, pero no es él. Lo lamento. Espero que lo encuentren.
- Si ve otra vez a esa persona que le recuerda a mi hijo, por favor, dígale que nos llame, tal vez haya cambiado, esta foto es antigua.
- Se lo prometo, señora, si veo otras vez a esa persona se lo diré.
- Hospital Central, ¡entiendes!
- Aquí tiene, cóbrese.
- Esta vez ¡entiendes! tampoco voy a cobrarle ¡entiendes! la carrera ¡entiendes!
- Gracias, espero que encuentren pronto al señor... ¿cómo se llamaba su hermano?
- Daniel Ignacio Fuentes de la Vega, ése es el nombre de mi hijo.
- Eso es, usted me dio su tarjeta y en ella anoté el nombre de su hermano.
- Yo me llamo Daniel Ignacio, ¡entiendes! Fuentes de la Vega ¡entiendes! y mi madre ¡entiendes! Belén de la Vega.
- ¿Belén de la Vega?, me suena mucho su nombre.
- Hace varios años que no canto, pero antes...
- Claro, ya lo recuerdo. Mi madre era una fan suya. Ponía sus canciones todo el tiempo.
- Gracias, señorita, muchas gracias.
- ¿Por qué dejó de cantar? Mi madre decía que era usted la mejor.
- No me gusta hablar de ese tema, tal vez un día...
- Ésta es mi tarjeta, llámeme cuando quiera hablar de ello. A mi madre y a mi nos encantará hablar con usted.
- Ya veremos.

Llego tarde, Pedro estará pensando que no voy a venir. ¡Belén de la Vega!, qué curioso, cuando se lo diga a mi madre no se lo va a creer. Pero... esa mujer parece estar viviendo con pocos recursos. La vida es imprevisible, hoy tienes éxito y mañana... Ahí está Pedro.

- ¡Isabel!, pensaba que ya no vendrías. Ese trabajo te tiene atrapada, deberías...
- No ha sido eso, ha sido el taxis, he tenido un percance, que...
- ¿Un accidente?, ¿estás bien?
- No te preocupes, no ha sido un accidente. Ya te lo contaré. Ahora dime, ¿estás mejor?
- No, no estoy mejor. Me siento mal, muy mal. Los resultados de la autopsia de Clara me han trastornado. No es posible, ella no.
- Vamos a algún sitio tranquilo en el que podamos hablar y me lo cuentas todo ¿de acuerdo?.
- No sé si podré contarte nada, es muy duro, es todo muy duro, Isabel, Clara... no, no puedo, no puedo. Llamarte ha sido un error. No tengo derecho a contarte nada.
- Haz lo que te parezca mejor, pero vamos a algún lugar tranquilo ¿de acuerdo?
- De acuerdo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Ayer y hoy (31)


31

No creo en las casualidades. Las casualidades no existen y si existen no es posible que todas vayan a sucederme a mi. Pero... a dónde va, este taxista me lleva a otro lugar y no entiendo por qué.

- ¡Oiga!, por favor, ¿a dónde me lleva?
- A su casa, ¡entiendes! usted me ha dado ¡entiendes! la dirección de su casa.
- ¿A mi casa? Pero si voy al Hospital Central. Además, ¿cómo sabe usted dónde vivo?
- La recogí esta mañana ¡entiendes! en el portal de su casa ¡entiendes! y la llevé a su trabajo ¡entiendes! ¿no lo recuerda? ¡entiendes!
- Sí, recuerdo que esta mañana usted me llevo de un lugar a otro, pero lo que le pregunto es ¿por qué sabe usted que ese portal era el portal de mi casa y que el lugar al que me dejó era mi trabajo?
- Lo supuse ¡entiendes!
- De la vuelta, por favor, de la vuelta, tengo que ir urgentemente al Hospital Central.
- Antes de eso, ¡entiendes!, necesito, ¡entiendes!, que me haga un favor, ¡entiendes!
- ¿Cómo dice?
- Las casualidades, ¡entiendes!, no existen, ¡entiendes!, hay una persona, ¡entiendes!, que necesita ¡entiendes!, hablar con usted, ¡entiendes! Usted pidió un taxi, ¡entiendes!, y yo la estaba esperando ¡entiendes!, desde hace varias horas, ¡entiendes!
- Pare el taxi, por favor, pare el taxi. Quiero bajarme ahora mismo.
- Ya estamos llegando, ¡entiendes!, sólo será un minuto, ¡entiendes!
- No tengo un minuto, no tengo tiempo para nada. Me está asustando, ¿es esto un secuestro? Pare, ¡por favor!, pare, me quiero bajar. Es que no me oye.
- Hemos llegado. ¡entiendes!, ahí está, ¡entiendes!
- ¿Quién está ahí?
- Una persona ¡entiendes! que quiere ¡entiendes! hablar con usted ¡entiendes! un minuto, ¡entiendes!
- Yo no quiero hablar con nadie, yo quiero ir al Hospital Central. Déjeme bajar del taxi. Le denunciaré

¡Mierda!, no puede ser, otra vez no. Tengo que salir de aquí, como sea, escapar.

- Señorita, ¡entiendes! ya hemos llegado. ¡entiendes!, ésta es mi madre ¡entiendes! Hable con ella ¡entiendes!, ¡por favor! ¡entiendes!
- ¿Su madre?
- Sube, mamá, ¡entiendes!, ella hablará contigo ¡entiendes!, como tú querías ¡entiendes! Ahora vamos ¡entiendes!, al Hospital Central, ¡entiendes!, no se preocupe, ¡entiendes!
- Pero...
- Hola señorita, mi hijo (este) me ha dicho que usted conoce a mi hijo (el otro).
- Yo, no, su hijo no me entendió bien. Yo no conozco a su hijo.
- Bueno tal vez no le conoce, pero le ha visto ¿no? Mi hijo (éste) me dijo que usted había visto a una persona que tenía su mismo tic. Sólo puede ser mi otro hijo.
- Yo, en realidad, no lo he visto, lo soñé.
- ¿Lo soñó? Yo creo que usted no me está diciendo la verdad. Por favor señorita, llevo meses buscando a mi hijo, no duermo, no como, estoy enferma desde que se marchó.
- Lo siento mucho, señora, de verdad, pero no le puedo ayudar.
- Haga memoria, mire ésta es su foto.
- ¡Dios mío!